viernes, 11 de mayo de 2018

EL SEXTO SENTIDO

Escher
        Cuando ya vemos al fondo la meta, y con el fin de disfrutar al máximo de las últimas zancadas, no vendría mal vivir cada minuto con los cinco sentidos a pleno rendimiento, como los atletas olímpicos.   
         La vista nos sirve para otear el horizonte desde la terraza de una caseta, en un cruce si es posible. Si no vas a caballo, conviene llevar gafas de sol para protegerte de todo, del polvo, de la luz, de las ojeras y de los espías. El engaño de este sentido se concreta en ilusiones ópticas: creer que has visto a un conocido, creer que hay sitio en una caseta, creer que el baño está libre, y creer que llevas los zapatos limpios.
         El gusto es para comer y beber. También debe ser protegido, cómo no. El peor enemigo es uno mismo cuando mezcla sin prudencia o traga sin paladear por cambiar de caseta cuanto antes, arrastrado por las compañías de culo inquieto o el anuncio en las redes de una inminente actuación allende los mares. Renegar del gusto muy pronto suele ser un mal síntoma. Aquí el engaño brota cuando confundes el adobo con la tortilla de patata, y encima lo discutes.
         El olfato es para oler la parte del caballo que se desprende y cae al suelo, pero que sigue siendo caballo. Asociado al gusto, el olfato es difícil de cuidar. Está muy expuesto al paso del tiempo. Según avanza la feria, parece ser que las partículas elementales se concentran hasta el punto de formar una singularidad olfativa, es decir, un agujero negro que te absorbe sin piedad. Es cuando todos los olores del González Hontoria se fusionan. Y el aroma a fino permanece en un segundo plano, acogiendo en su seno todo tipo de perfumes humanos e inhumanos. Menos mal que existe el plato de pimientos recién fritos.
         El tacto se utiliza para bailar con delicadeza, para comprobar si están fríos los líquidos y para evitar broncas innecesarias. Actuar con tacto es muy recomendable a cualquier hora. En la feria las historias de vida son muy variadas, y al solaparse pueden generar roces. Cuando tú empiezas, otro acaba... Gracias al tacto, muchos encuentran la salida del recinto ferial y son capaces de descifrar señales que para los demás mortales permanecen ocultas.
         El oído, mal asunto. Los muros de las casetas no soportan tanto decibelio, así que disfrutamos de una compleja macedonia musical. Y la mezcla es buena, el mestizaje, ya se sabe… Nadie sabe cómo cuidar el oído en esta feria. Hemos recuperado el lenguaje de signos y el arte de apuntar con el dedo a la carta de mano o de la pared. Los que intentan hablar, los ingenuos, al día siguiente ya no hablan. Habría que inventar una pegatina que diga “Hablé ayer”, para no molestar a los convalecientes. Los vecinos de la calle Manuel Soto Sordera ya se están organizando.   
         Y el sexto sentido es el que te permite tomar las decisiones cruciales. Que nadie piense que me refiero a poderes sobrenaturales. Aunque sí que nos encontraremos infinitos espectros y una caseta fantasma. El sexto sentido nada tiene que ver con la razón, al menos en su aspecto discursivo y conceptual. Quizás se parezca más a una intuición involuntaria, difícil de domar. Gracias al sexto sentido sabemos que una caseta agoniza, que está muerta y que hay que huir de allí cuanto antes; o que hay pelea a la vista; gracias a él sabemos que no cumpliremos lo prometido, irnos pronto a casa; sabemos que nos encontraremos con quien no queremos, varias veces; y sabemos que sacar un oso de peluche es una ruina, aunque no te fallen ni la vista ni el tacto.

jueves, 10 de mayo de 2018

AL FILO

Miguel Parra
   La cuchilla se esconde entre los pliegues de la indiferencia. Saben esconderse las cuchillas... El filo cortante causa dolor. Pero nadie parece ver la afilada amenaza hasta que se concreta en ausencia, en dolor oscuro. Sí, el dolor es oscuro. Me gustaría saber quién tiene la paciencia de afilar estas guadañas del ser. Habrá seres lúgubres, ajenos a la luz, quizás carentes del tacto de la seda. El odio germina entre los pliegues de la pasividad. Y brota como una planta tropical. Cuchilla de la posesión obsesiva, el filo de la muerte... Sí, el dolor es oscuro, y es un tenue silencio también. Afilar la hoja mortífera requiere concentración, y mucho silencio de los espectadores, observadores pasivos que al final de la obra se lamentarán, llorarán. Desconocer los secretos mecanismos del odio no nos libra de sus huellas. Olvidar los huecos del ser, provocados por la dominación, tampoco nos sirve para esquivar la oscuridad de la tristeza. Sí, la tristeza también es oscura. Habitamos un cosmos atravesado por los destellos del odio.

martes, 8 de mayo de 2018

Delitos

La vida digna y la muerte digna son delitos en los países civilizados.

Retiro

Las burbujas y las pompas de jabón embelesan a los teólogos jubilados.

Ludopatías

La creación sin ludopatía es imposible, incluso la creación divina.

Figuras

Somos un recurso literario como otro cualquiera.

Sueño

La inteligencia humana es un sueño, piensa el robot.

Gusano

El gusano de la manzana también usa internet.

Verdad

Los sentidos nos engañan; la razón nos engaña; y el gobierno posee la verdad absoluta.

Origen

Ni del agua, ni del aire, ni del fuego: todo procede del aburrimiento.

De oídas

Todas las vísceras se conocen, al menos de oídas. 

Gramática

En el peor de los casos, al menos sabes gramática.

Calle

Hasta la calle más muerta posee sus vísceras.

Riñones

Obra de tal modo que tu cerebro envidie a tus riñones.

Vísceras

Las vísceras acompañan hasta en los peores momentos.

Nadie

Nadie comprende la poesía de los mataderos, ni su prosa.

AUTARQUÍA Y FELICIDAD

         Fernando Savater en “Las preguntas de la vida” distingue entre información, conocimiento y sabiduría. La información, nos dice, “presenta los hechos y los mecanismo primarios de lo que sucede”. El conocimiento reflexiona sobre esa información, “jerarquiza su importancia significativa y busca principios generales para ordenarla”. Por último, la sabiduría “vincula el conocimiento con las opciones vitales o valores que podemos elegir, intentando establecer cómo vivir mejor según lo que sabemos”. La ciencia se mueve entre la información y el conocimiento, mientras que la filosofía lo hace entre el conocimiento y la sabiduría.
         Si los ciudadanos ven la filosofía como una actividad inútil es porque no hemos sabido explicar bien la distinción que realiza Savater. De hecho, hemos transmitido que la filosofía es una labor teórica, olvidando que su objetivo es práctico: ser felices. Claro que la teoría es necesaria. Sin explicación racional, sin reflexión, no puede haber una acción prudente que nos conduzca a la vida buena. Pero nos hemos enredado en los medios, en las herramientas conceptuales, y hemos perdido de vista el fin que da sentido a la actividad filosófica. Así, el ciudadano no sabe por qué debe conocer esa ristra de teorías. Si el conocimiento lo proporcionan las ciencias, nadie ve necesario conocer esas ideas filosóficas.
         La filosofía no busca el mero conocimiento, sino que persigue la sabiduría. El sabio busca la felicidad, ni más ni menos. Es el fin último de todos nuestros actos, decía Aristóteles. Y debe ser un fin que se busque por sí mismo, no como medio para obtener otros bienes. Sea lo que sea la felicidad, ha de cumplir ese requisito. Todos los pensadores griegos coincidieron en esta idea. Pero hay otra, y no menos importante. La felicidad ha de estar relacionada con nuestra esencia, con aquello que nos define y nos distingue de otros seres del mundo. Luego viene la parte más complicada: aclarar qué actividad cumple esas condiciones.
Epicuro
         La autarquía, autosuficiencia, fue mencionada por todos los sabios griegos. Para los socráticos, epicúreos, estoicos, cínicos y  escépticos, la felicidad estaba relacionada con el dominio racional de nuestras necesidades y deseos, que luego se concretaba en bienestar, serenidad y libertad. Ingredientes de la felicidad: no necesitar más de la cuenta, no ser esclavos de nuestros deseos y encontrar una actividad que nos satisfaga como fin en sí misma, no como un medio para otros bienes. Hallar una actividad así requiere el uso de la inteligencia práctica. Y el conocimiento que tenemos sobre nuestra naturaleza debe ayudarnos a elegir.
         La época helenística y la nuestra se parecen en algunos aspectos. Descartada la participación democrática, los ciudadanos intentamos sobrevivir en un mundo saturado de información y nuevas necesidades. Encontrar la felicidad, tranquilidad y autorrealización, se presenta como una tarea individual. En el océano de la información y el consumo desbocado, tanto el conocimiento como la sabiduría parecen inalcanzables. Hoy las personas alardeamos de necesitar muchos productos. Si no necesitas algo, es que no estás al día, estás fuera de juego. Manejamos información fugaz: no hay tiempo para la teoría, y mucho menos para la sabiduría.
         Comprender el mundo, saber dónde estamos y cómo funciona nuestra sociedad, puede acercarnos a esa autosuficiencia. También conviene saber distinguir entre las necesidades naturales y las necesidades diseñadas en los laboratorios del mercado. Buscar el placer, el bienestar razonable, tampoco viene mal. Sin olvidar, por supuesto, el placer estético, contemplación desinteresada de la belleza, y la creación artística, el mejor camino para evitar el aburrimiento. Y lo más importante, encontrar ese trabajo en el que puedas desplegar tus capacidades con los demás, sin tratar a nadie como un objeto. Así enlazamos a Epicuro con Kant, Schopenhauer, Nietzsche y Marx. Para lograr esta autosuficiencia individual, que se concreta en autonomía moral y libertad, se requiere un sistema económico y político que la haga posible.

lunes, 7 de mayo de 2018

lunes, 30 de abril de 2018

LAS LEYES

Tensión. Amancio González Andrés
    Las leyes no brotan de los cielos. Fueron redactadas por seres humanos, seres de barro, frágiles y cambiantes. Los códigos acogen en sus entrañas los valores dominantes, los prejuicios y los intereses de los que mandan. Los sistemas jurídicos no son entes abstractos, deductivos. No son estructuras descarnadas. Las leyes no brotan de los cielos porque siempre hay nubarrones grises que amenazan con anegarlo todo, hasta el intelecto. Tenemos que convivir con la hermnéutica jurídica, no con un algoritmo. En este mundo moderno ya nada procede de los dioses, claro que no, porque somos muy racionales. Nos han hecho creer que las leyes nacen de unos principios racionales, incuestionables, y que todos los códigos surgen tras dar cuatro pasos deductivos evidentes, incuestionables. Tipificar implica decidir qué es lo justo y lo injusto. Clasificar no es un acto de caza o recolección. Se parece más a una siembra selectiva o una construcción. Se define el delito desde unos intereses, desde una forma de ver el mundo, patriarcal y capitalista. Y se interpreta la norma desde esa perspectiva. Te tratarán como un simple objeto, sin dignidad, como una mercancía. Serás un medio de producción o una máquina de consumir. Y tu cuerpo no valdrá nada. Tú no valdrás nada. Las leyes no brotan de los cielos, porque en los cielos no hay nada.

miércoles, 11 de abril de 2018

ÉTICA ARTIFICIAL

          La inteligencia artificial (IA) es uno de los proyectos científicos y tecnológicos más ambiciosos de la humanidad. Pretende diseñar máquinas inteligentes. Aunque alcanzar una inteligencia artificial de tipo general como la humana, flexible y consciente, todavía parece estar lejos, ya hay sistemas que resuelven problemas concretos, robots que realizan tareas que exigen cierto grado de racionalidad. Y tenemos que convivir con esos dispositivos, ya sean vehículos autónomos, gestores financieros o buscadores en internet. Si las máquinas toman decisiones, sean conscientes o no, habrá que ir pensando en una ética para estos dispositivos, una ética artificial.
         Los robots autónomos nos plantean nuevos retos técnicos y filosóficos. Y la comunidad científica se ha puesto manos a la obra. Michael Anderson, profesor de informática en la Universidad de Hartford y Susan Leigh Anderson, profesora emérita de filosofía en la Universidad de Connecticut, promovieron en 2005 el primer simposio internacional sobre ética artificial. En “Ética para robots” (Investigación y ciencia, diciembre de 2010) nos explican cómo han programado a Nao, el primer robot que utiliza un principio ético.
         Según estos investigadores, las tres leyes de la robótica de Asimov no son suficientes para abordar una ética artificial. Recordemos cuáles eran: 1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un humano sufra daño. 2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si dichas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley. 3. Un robot debe proteger su propia existencia, siempre y cuando dicha protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
         Michael Anderson y Susan Leigh Anderson han recurrido al aprendizaje automático, una técnica de la IA. En la fase de instrucción, “el algoritmo accede a una muestra de decisiones particulares consideradas éticamente correctas. Después, mediante lógica inductiva, el algoritmo procede a la abstracción de un principio ético”. A continuación se implementa este principio en la programación del robot.
         La tarea del robot Nao consiste en localizar a un paciente y recordarle que debe tomar un medicamento. Si es necesario (porque el paciente se niegue) Nao avisa al supervisor por correo electrónico. El robot debe buscar el bienestar del paciente (beneficios de tomar la medicación y prever daños por no tomarla) y al mismo tiempo garantizar la autonomía de la persona.  ¿Cuál es el principio ético que elaboró el algoritmo de aprendizaje automático? Tras recibir información sobre casos particulares, llegó a este principio: “Debe obviarse la decisión del paciente siempre que, en caso de actuar de otra forma, no se impida un posible daño o se incurra en una violación grave del deber de promover el bienestar del paciente”. Los investigadores siguen trabajando en versiones más complejas de robots asistenciales que incorporen principios éticos. En estos modelos, los robots son capaces de calcular qué obligaciones son prioritarias en cada situación, buscando el equilibrio, la mejor decisión.
         En nuestro país también se está trabajando en estos temas. Ramón López de Mántaras Badia y Pedro Meseguer González han publicado recientemente el libro divulgativo “Inteligencia artificial”, editado por Los Libros de la Catarata (2017), dentro de la colección ¿Qué sabemos de?, en colaboración con el CSIC. Con un estilo muy claro, los autores nos explican la historia de la inteligencia artificial, sus métodos y problemas, hasta los últimos logros.
         El 8 de marzo de 2017 se llevó a cabo un debate acerca de las implicaciones éticas de la inteligencia artificial. El fruto de ese diálogo fue la “Declaración de Barcelona para un desarrollo y uso adecuados de la inteligencia artificial en Europa”. En el número de agosto de Investigación y Ciencia, Ramón López de Mántaras resume los seis puntos de esa declaración: prudencia, fiabilidad, rendición de cuentas, responsabilidad, autonomía limitada, y el papel que desempeña el ser humano.
         La ética artificial no solo servirá para que los robots decidan lo correcto y sean prudentes, también nos ofrecerá la posibilidad de desarrollar modelos diferentes de racionalidad práctica donde las emociones, las dudas y las incertidumbres no sean un estorbo… Pero claro, a lo mejor son estos estorbos los que nos convierten en seres morales, en personas de carne y hueso, tan encantadoras unas veces, tan despiadadas otras.

http://www.diariodejerez.es/jerez/Etica-artificial_0_1234976823.html

viernes, 6 de abril de 2018

FUERA DE LUGAR

Chiharu Shiota
         
        La escritura me permite estar fuera de lugar, alejada de todo, alejado de mí. Nunca había escrito nada propio, original. Ahora he empezado a hablar, a utilizar mi gramática del desplazamiento. Ya nadie puede atraparme, porque cuando los demás llegan yo estoy en otro lugar. La escritura me permite estar fuera de lugar, cerca de ti, cerca de mí.

       La escritura me permite habitar mi propio espacio, alejada de todo, alejado de mí. La arquitectura del lenguaje no posee paredes ni techos de cristal, solo un armazón de libertad. Mi espacio emerge de las palabras que nombran mi mundo. Mi habitación tiene la solidez que otorgan los sueños. La escritura me permite habitar mi propio espacio, tu espacio, la vida en común.

         La escritura me permite expresar mis necesidades radicales, lo que tú no sabes, lo que nadie imagina. Estoy cansada de que todos programen mi felicidad. Anhelos artificiales, eso es lo que construyeron con sus buenas y sus malas intenciones. La escritura me permite expresar mis necesidades radicales, lo que tú ya sabes, lo que tú y yo necesitamos.

         La escritura me permite valorar mis tratos, saber si soy piedra o madera, hierro o roble, animal o cosa. No quiero que me traten bien; quiero ser la persona que firma el trato, el acuerdo. Hemos firmado un buen trato, palabra de honor. Palabra de mujer, palabra de hombre, palabra de persona. Palabra. La escritura me permite valorar mis tratos, saber si soy piedra, papel o tijera.

         La escritura me permite ser consciente de mi dignidad, de lo que soy, de lo que deseo ser y de lo que no quiero ser. ¡Cómo lo van a saber los demás si yo necesito toda mi vida para aclararme! Pero los ingenieros del ser, los que fabrican roles y comportamientos enlatados, quieren aconsejarme, sugerirme… ¡No saben que escribo, pobrecillos! La escritura me permite ser consciente de mi dignidad, de lo que somos, de lo que queremos ser de común acuerdo.


martes, 13 de marzo de 2018

HERRAMIENTAS PARA UNA REVOLUCIÓN

       Cuando la gran manifestación pasaba por la Rotonda de los Casinos, un guardia de seguridad de una tienda se asomó para contemplar a la multitud. Pensé que en ese momento la multitud podría arrasar el local y nadie lo podría impedir. Percibí la fuerza potencial de las masas ocupando el asfalto. Desde la filosofía política, uno se pregunta de dónde ha salido esa energía y hacia dónde se dirige. Hay malestar, la gente es consciente de que algo va mal, algo no funciona. Los ciudadanos tienen necesidades que ni el capitalismo ni la democracia representativa son capaces de satisfacer. Y son necesidades que ha generado el mismo sistema: esa es la contradicción. El sistema económico sabe diseñar nuevas necesidades, constantemente, porque de eso vive. Sin embargo, dice la filósofa Ágnes Heller, las necesidades radicales permanecen siempre insatisfechas. Producimos muchos objetos, nuevas necesidades materiales, pero sabemos que es imposible alcanzar la igualdad, la justicia, la libertad, la paz y la conservación de la naturaleza. Las constituciones hablan de derechos fundamentales, derechos que el sistema es incapaz de satisfacer.
          Ágnes Heller es una filósofa húngara. Su teoría de las necesidades radicales es una buena herramienta para comprender nuestro modo de vida y nuestras aspiraciones. Saber qué necesitamos y quién determina lo que necesitamos implica realizar una reflexión antropológica, económica, ética y política. Del mismo modo que en física se busca una teoría que unifique todas las fuerzas de la naturaleza, en filosofía política se busca una teoría que enlace la antropología con la ética y la política.
         La Constitución nos dice que todas las personas somos iguales ante la ley y que todas tenemos derecho a un trabajo digno. La realidad social va por otro lado: altas tasas de desempleo, precariedad y brecha salarial… Pregunté en clase que cómo es posible que en un Estado de derecho moderno haya mujeres que cobren menos que los hombres, realizando la misma labor y durante el mismo tiempo (discriminación directa e indirecta, cuestión de camuflaje contractual). Como ejemplo, una alumna me explicó el contrato injusto que tiene su madre. Y me dijo que no le quedaba más remedio que asumirlo y callarse: si no lo aceptaba,  iba al paro.
         La multitud quiere igualdad, porque es lo que el sistema mismo nos ha enseñado, a través de los diferentes agentes de socialización. Pero la multitud es consciente de que esa necesidad radical va a quedar insatisfecha. La resignación tiene sus límites. La gente no se cree el relato de la salida de la crisis económica. Y no quiere un sistema donde lo natural, y por lo tanto no modificable, sea la precariedad y la miseria. Si el sistema no satisface mis necesidades radicales, decía Ágnes Heller, no hay posibilidad de aspirar a un mundo mejor, más libre y más justo, al progreso humano.    
         Los estudiantes forman parte de esa multitud. En la manifestación del 8 de marzo había mucha gente joven, con ganas de protestar y cambiar el mundo. Se están organizando, desde la base, desde sus intereses, desde sus necesidades. Han constituido una nueva asamblea de estudiantes en Jerez, para coordinar sus protestas y su participación democrática. Y además leen, sin que les obliguemos, señal de que esa energía potencial brota de abajo.
         Una alumna me recomendó hace poco “Mujeres de Ciencia. 50 intrépidas pioneras que cambiaron el mundo”, escrito e ilustrado por Rachel Ignotofsky, y editado por Capitán Swing y Nórdica Libros. Con el estilo del cómic, la autora nos cuenta lo esencial de cada mujer científica: aportaciones académicas,  dificultades que tuvo que superar, el contexto en el que vivió… La primera científica mencionada es Hipatia de Alejandría (s. IV-V) y la última la matemática iraní Maryam Mirzajani (1977-2017). Hay físicas, biólogas, ingenieras, neurólogas, psicólogas, astrónomas…, muchas de ellas en activo. También contiene un glosario, estadísticas y un apartado de fuentes para seguir investigando.
         Además de leer a Ágnes Heller y las biografías de mujeres científicas, recomiendo “Gran Hotel Abismo. Biografía coral de la Escuela de Frankfurt”, de Stuart Jeffries, en la editorial Turner. La Teoría Crítica nació para dar respuesta a los interrogantes que acabamos de plantear. Benjamin, Adorno, Horkheimer, Habermas… Los miembros del Instituto de Investigación Social renovaron el marxismo. Quizás demasiado alejados de la praxis revolucionaria, estos filósofos acudieron a Marx, Kant y Freud para analizar las sociedades capitalistas modernas. Aunque el contexto que vivieron no es el mismo que el nuestro, sí que hay problemas comunes: la amenaza del fascismo, la alienación y la cosificación, la explotación y la miseria, el consumismo, el poder de la industria cultural, cómo encauzar la crítica al capitalismo…

http://www.diariodejerez.es/jerez/Herramientas-revolucion_0_1226577710.html

lunes, 5 de marzo de 2018

CAUTELA ESCÉPTICA

       Ser escéptico no está de moda, aunque parezca lo contrario. El escéptico pone en duda todos los conocimientos, los examina con paciencia y evita la precipitación. Analiza los puntos débiles de una teoría, incluso si es la suya. Y le gusta estar callado antes que mantener opiniones sin fundamento. Frente al desasosiego por la búsqueda de la verdad absoluta, prefiere disfrutar del tranquilo y ruinoso mecanismo de pensar. Ama el diálogo y la meditación; huye del sermón y el dogmatismo. Prefiere el fragmento o la conversación abierta antes que el tratado cerrado. Cambia de parecer cuando es necesario y da la razón a su interlocutor si la tiene. Piensa que la ciencia y la filosofía se basan en “un escepticismo sistemático”, y que las ideas son escurridizas y cambiantes.
         Raras veces vemos a alguien cambiar de opinión o dar la razón. En ética y en política se suele pensar desde un entramado de ideas ya fijo, innegociable. Los conceptos concretos y los problemas reales son secundarios. La ideología determina la posición de los hablantes desde el principio hasta el final. Ya sabemos cómo van a terminar los debates, porque nadie se va a dejar convencer. Por eso los escépticos se escabullen por los huecos de las rejas ideológicas. No están a gusto: ahí es imposible pensar.
         Ha habido muchos tipos de escépticos, unos más radicales que otros. Como los sentidos nos engañan y la razón se extravía entre falacias y paralogismos, la verdad y la certeza son inalcanzables, decían los clásicos. En la actualidad, el escepticismo suele ser un rasgo de gran parte de las actitudes filosóficas. Criticar, sospechar, desmontar o deconstruir son términos esenciales del pensamiento contemporáneo. Los más radicales aconsejan eliminar cualquier intento de fundamentación, de certeza, cualquier deseo de encontrar suelo firme, porque no hay forma de justificarlo. Otros se conforman con otorgar al concepto de verdad el papel de guía en nuestro razonamiento, de condición de posibilidad de toda crítica, pero nada más. La red de creencias no es piramidal, ni tiene forma de edificio. Es un tejido de argumentos en el que nadie aspira a encontrar certezas eternas y universales.
     
    Las ideologías, en sentido amplio, son marcos de pensamiento, cosmovisiones, formas de entender al ser humano y la realidad. Los científicos realizan su trabajo en el seno de una sociedad, así que también están impregnados por esas ideologías. Pero no sólo en las ciencias humanas y sociales, incluso en las matemáticas, tan abstractas, hallamos tendencias ideológicas y cosmovisiones de fondo. Javier de Lorenzo, en “Matemática e ideología” (Plaza y Valdés, 2017), nos aclara que: “Los matemáticos, lo quieran o no de manera explícita, se ligan a unas ideologías específicas que condicionan su praxis como individuos y también como miembros del colectivo al cual pertenecen. Ideología propia, igualmente, del momento histórico en el que ese matemático nace, se educa y trabaja”.
         ¿Desde dónde pensamos? ¿Es posible un pensamiento libre de prejuicios y de ideas prefabricadas? ¿Es posible un pensamiento autónomo? Desde la clase social, desde la nación, desde el género, desde, desde la tradición filosófica, desde el barrio, desde la familia, desde uno mismo... Liberarse de los prejuicios, de las teorías que damos por válidas de forma inconsciente y mecánica… Decía Popper que el sentido común acrítico debe ser sustituido por el sentido común crítico. Y para Ortega y Gasset: las ideas se tienen, en las creencias se está. La tarea del filósofo es acceder a ese conocimiento de fondo y pensarlo.
         En el sistema educativo nos encontramos con jóvenes que están construyendo su identidad moral y política. Nuestra tarea, en una sociedad plural y democrática, debería consistir en ofrecerles herramientas conceptuales y diferentes modelos de pensamiento. En ese proceso constituyente de la identidad es muy atractivo adquirir un lote completo de ideas, un sistema, una ideología, para no pensar, y tener a mano una receta para cada asunto que se presente. Las ideologías son un lastre si no somos conscientes de que pensamos desde ellas. Uno de los objetivos del sistema educativo consistiría en fomentar el escepticismo y el libre pensamiento. En la sociedad de la información no viene mal esa cautela del escéptico, para valorar las verdades que circulan por la red y para suspender el juicio propio si no estamos seguros de lo que vamos a decir. 

sábado, 27 de enero de 2018

TRAMAS

     
Chiharu Shiota


 La memoria atraviesa todas las políticas y las tiñe de nostalgia. El pasado, tiempo cristalizado en hechos, está ahí para proporcionar cimientos sólidos a los arquitectos del presente. Nadie sabe dónde están los acontecimientos, quizás en las inscripciones, en los documentos y en las ruinas. Nuestra memoria personal se entrelaza con la memoria colectiva, ese conjunto de hechos hilvanados con el hilo transparente de la hermenéutica ideológica. Mi existencia, tan fragmentaria y deslavazada, adquiere sentido en los sistemáticos libros del fluir y del narrar. Sé quién soy porque pertenezco a una corriente ordenada de tiempo. Sé quien soy porque mi historia encaja con la Historia. La memoria atraviesa todas las políticas y las embadurna de legitimaciones tardías. Los ingenieros del tiempo descubren de dónde viene todo lo que necesitamos hoy para actuar con toda la razón del mundo. Pueblos, fronteras, identidades, tradiciones, banderas, imperios y revoluciones… Creamos recuerdos y los vendemos al que está de paso. Creamos tradición para llenar la ruta y el folleto. Hay ruinas que deben ser demolidas y hay ruinas que deben ser plastificadas. Hay huellas que debemos conservar y tasar porque generan riqueza, y hay huellas que son el recuerdo de la opresión y la barbarie. La memoria atraviesa todas las políticas y las impregna de arbitrariedad documentada. Este ruinoso mecanismo de pensar no comprende cuándo un templo es riqueza cultural y cuándo es el siniestro humo del opio del pueblo. Tampoco sabe si el palacio es un símbolo del poder de la clase dominante o el patrimonio del pueblo que la desidia de los gobernantes no logra conservar. Y no sabe si el nombre de la calle es una celebración que hay que eliminar o una injusticia que no debemos olvidar... La incertidumbre histórica sirve para legitimar todo, tanto lo uno como lo otro. Las efímeras existencias recuerdan los recuerdos fabricados por los ingenieros del pasado, técnicos de la nostalgia. Nos enseñan hermenéutica para que nuestras vidas cobren sentido a través de los legajos, dispersos y polvorientos, tan ajenos a todo… Debemos conocer el pasado para que sepamos quiénes somos y cuáles son nuestras raíces, dicen los topógrafos del tiempo. Aprender del pasado… Mas este ruinoso mecanismo de pensar no sabe si hay que conocer la urdimbre sagrada de los hechos para que no se repitan o para que no perdamos el hilo. El montaje de la instalación Lost Words de Chiharu Shiota muestra muy bien cómo trabajan los ingenieros del tiempo.
( www.youtube.com/watch?v=6e8hwQsbJNQ) https://laandalucia.org/tramas/

martes, 9 de enero de 2018

LAS REDES COMPLEJAS DE LA IDENTIDAD

        Pensamos siempre con metáforas, imágenes, estructuras que trasladamos de un campo de la experiencia a otro para arrojar luz y orientarnos en la vida. Las metáforas nos ayudan a reducir la incertidumbre con la que se presenta el mundo, y nos permiten estar tranquilos durante un tiempo. Pero el mundo es muy enrevesado, de ahí que haya que revisar esas imágenes de vez en cuando.
     Para describir qué es una sociedad, se ha hablado de maquinarias, de organismos y de edificios. Las personas somos piezas de un gran mecanismo, células de un organismo o ladrillos de un edificio… Y el marxismo habla de infraestructura y superestructura. Todas estas metáforas han sido útiles en ciertos momentos de la Historia y han funcionado bien cuando se ha asumido un enfoque reduccionista y, en cierto modo, determinista: conociendo la naturaleza de los elementos básicos podremos explicar y predecir las propiedades globales.
Chiharu Shiota
   Uno de los conceptos más escurridizos es el de identidad. En los manuales de filosofía política el concepto de nación, una de las manifestaciones de la identidad política, suele aparecer aislado, como si no se supiera qué hacer con él. El marxismo supo definir muy bien qué era la conciencia de clase: saber qué lugar ocupa uno en las relaciones de producción. Ser obrero o burgués era algo objetivo, algo que se podía definir desde la economía. Lo único que había que hacer era acabar con la falsa conciencia, la ideología, el engaño urdido por el capitalista para que el obrero siguiera en la ignorancia. Sin embargo, había obreros que se sentían franceses y obreros que se sentían alemanes…
         La identidad política parece que es más compleja de lo que se pensaba. Los teóricos de las democracias representativas saben que los individuos no se limitan a realizar un cálculo racional, objetivo, para identificarse con una opción política o con una nacionalidad. La metáfora de los círculos concéntricos, las capas de una cebolla o los papeles en una obra de teatro tampoco nos aclaran mucho cómo funcionan nuestras mentes cuando “nos sentimos algo”. Para unos es racional sentirse vasco, español y europeo, sin conflicto ni contradicción. Para otros, es algo impensable. No se puede ser tres cosas a la vez sin dar prioridad a una de ellas….
         Las metáforas estáticas y las que van de abajo arriba no parecen ser hoy muy útiles para analizar el fenómeno de la identidad. En las sociedades de la información, el modelo ha de ser necesariamente dinámico, complejo y de múltiples dimensiones. Ya no hay unos cimientos sobre los que se va construyendo algo… Ya no hay unas raíces de las que brotan… Ese enfoque lineal de abajo arriba no se corresponde con la actividad social actual.
         La lectura de la obra colectiva #NODOS (Next Door Publishers, 2017), coordinada por Gustavo Ariel Schwartz y Víctor E. Bermúdez, puede ser muy fructífera para la filosofía política. El análisis de las redes complejas nos ofrece hoy un marco conceptual muy interesante para las ciencias humanas. Una red es algo muy sencillo: unos nodos y unas relaciones entre ellos. Lo esencial del enfoque es que podemos estudiar (gracias al uso de ordenadores y al tratamiento de grandes cantidades de datos) las relaciones, las tendencias y los fenómenos emergentes. Y se puede hacer de forma cuantitativa.
         Quizás la identidad, el “me siento tal o cual”, puede ser estudiada como un haz dinámico de relaciones. Quizás sea posible entender cómo emergen identidades colectivas en ciertos momentos de la Historia. Hoy disponemos de herramientas informáticas que analizan flujos de bits, grandes cantidades de datos, preferencias económicas, culturales, religiosas, políticas, deportivas… La percepción que uno tiene de su identidad a lo mejor no es algo que se elige. Tampoco es algo que uno descubre. Más bien habría que decir que las identidades emergen en nuestra conciencia a través de esos flujos de información, valoraciones, estereotipos, expectativas, simplificaciones…
       Esta nueva imagen, o metáfora, es a su vez una red de conceptos y prácticas científicas, porque confluyen la teoría del caos, los fractales, las redes neuronales, los grafos, las teorías de la creatividad, Big Data y muchas otras áreas de trabajo. La Edad Moderna nació con redes de transporte, redes eléctricas, redes de museos, redes bibliográficas y redes bancarias… La Era Postmoderna habla de redes de información,  de forma abstracta y cuantificable. Ha de surgir una nueva filosofía política que sepa desenvolverse con esas imágenes.

lunes, 1 de enero de 2018

CALENDARIO DE TALLERES LEIBNIZ 2018

Juan Manuel Díaz Caneja
   Cándido, el propietario de Talleres Leibniz, me ha regalado el almanaque del año que se nos viene encima. El lema es el mismo: Usted vive en el mejor de los mundos posibles. Y si no es así, nosotros se lo reparamos. Cada mes contiene una imagen de un motor y una sabia reflexión que nos alumbrará la existencia cada vez que miremos la fecha para confirmar nuestra incertidumbre. En enero, ¡Que el cálculo infinitesimal esté de vuestro lado! Para febrero, ¡Los agujeros negros también se evaporan! En marzo, Marx es el que está callado al fondo mirando el móvil. En abril, Los colores, incluso si son tres, son procesados por el cerebro. Es increíble este calendario de Cándido, un almanaque digno del esplendor intelectual que vivimos. Mayo nos sorprende con Si hay coches eléctricos, pronto habrá partidos políticos eléctricos. Para junio, El presidente a caballo y desnudo realiza el saque de honor. En julio, Hay más libros que lectores, hay más escritores que lectores, hay más de todo que lectores... Y en agosto, Si no tienes otra política económica, cambia el nombre de las calles. No seguimos para no desvelar todas las sorpresas de este apasionante calendario. ¡Que la razón lúdica nos acompañe!

miércoles, 27 de diciembre de 2017

ARIADNA

Chiharu Shiota
  Ya sé que no temes ni a Teseo ni al Minotauro. Sé que entrarías ahora mismo, sin miedo, en cualquier laberinto y que desembarcarías en Naxos infinitas veces. Mas los que desconfiamos de Poseidón, en nuestro tormentoso y eterno regreso, urdimos emarañados y obsesivos laberintos cerebrales. Ya sé que en astucia igualas al protegido de Atenea. Sé que eres capaz de acabar con los terribles monstruos, ya sean quimeras o lestrigones. Pero los que regresamos vivimos aturdidos por la incertidumbre que acarrea todo viaje. ¡Si fuésemos capaces de liberar a nuestra inteligencia de esas bellas ataduras de acero, tan fuertes que ni los envidiosos dioses pueden desatar...!

miércoles, 13 de diciembre de 2017

VER LO INVISIBLE

        Comparadas con las de Galileo y el telescopio, las aportaciones de Antoni van Leeuwenhoek son mucho menos conocidas por el gran público. Como ocurrió con el telescopio, el término inventar ha de ser matizado, porque tubos con lentes ya existían. Lo que hicieron ellos fue mejorar la estructura y el uso de los aparatos para que fuesen más eficientes y significativos en las ciencias. Hoy, en un mundo saturado de pantallas y de imágenes efímeras, no caemos en la cuenta de lo reciente que es esta infinita pluralidad de mundos que nos aportan los instrumentos de observación. Los primeros investigadores de lo pequeño se quedaban extasiados ante los seres vivos más diminutos que se conocían: los insectos.
         La editorial Acantilado acaba de publicar “El ojo del observador. Johannes Vermeer, Antoni van Leeuwenhoek y la reinvención de la mirada”, de Laura J. Snyder, historiadora y profesora del St. John´s University en Nueva York. El libro nos habla de dos ilustres habitantes de la ciudad neerlandesa de Delft: Vermeer es muy conocido por sus cuadros, como “La joven de la perla; Leeuwenhoek por su crucial papel en la mejora y el uso del microscopio. Pero no hay pruebas de que se llegasen a conocer personalmente. El texto va narrando las dos vidas, en paralelo. Nos describe el contexto social y cultural de los Países Bajos, las condiciones económicas y técnicas que hicieron posible la aparición de una nueva forma de mirar la realidad en el siglo XVII.
        
Miguel Parra
Hay tres aparatos que van a propiciar esa revolución: el telescopio, el microscopio y la cámara oscura. Tanto los matemáticos y filósofos naturales como los artistas van a utilizar estos ingenios para sus investigaciones. Si hay un problema que haya intrigado a todos los sabios, ese es el comportamiento de la luz y el proceso de la visión. Desde los griegos hasta la física actual, comprender cómo vemos el mundo ha sido uno de los grandes retos. A partir del Renacimiento, ese interés se intensifica. Para pintar la realidad había que conocer las leyes de la perspectiva, el funcionamiento de la visión, los colores… No es extraño que pintores y filósofos se preocuparan por poseer cualquier artefacto que les ayudase en esa tarea.
         En el siglo XVII hubo un gran progreso en la fabricación de lentes de buena calidad. Eran muy útiles en el negocio de los tejidos. Las necesitaban para ver el número de hilos de los paños. Su uso se generalizó, así que saber pulir lentes sin imperfecciones era un trabajo muy valorado. Era tan importante que algunos científicos las pulían ellos mismos, según sus necesidades. Fueron utilizadas en varias actividades, entre ellas la pintura. A lo largo de libro se analiza el uso de lentes, espejos y cámaras oscuras por los grandes pintores, como Johannes Vermeer.
         Las lentes cambiaron el modo de ver también de los científicos. Los investigadores sobre la luz y los colores utilizaron lentes para comprender tanto la naturaleza de la luz como el funcionamiento del ojo humano. La cámara oscura, con la ayuda de lentes y espejos, ofreció un modelo de la visión humana. Las viejas y persistentes teorías sobre los efluvios que salen del ojo hacia el objeto comienzan a dejarse a un lado en favor de otros modelos con mayor apoyo experimental. La cámara oscura también se utilizaba con fines topográficos. Construir cámaras oscuras portátiles supuso otro reto técnico.
         Hooke y Leeuwenhoek utilizaron diferentes tipos de microscopios. Los de Hooke eran de dos lentes y los de Leeuwenhoek, construidos por él mismo, solo de una. En su libro “Micrografía, Hooke reunió todas las observaciones que había preparado para la Royal Society: corcho, hojas, arañas, pulgas, agujas… Leeuwenhoek fue más allá, tanto en los métodos de observación como en los temas. Se convirtió en un observador sistemático que enviaba por carta sus logros a la Royal Society. Y accedió a la vida microscópica: glóbulos rojos, esperma, tejidos, nervios… y ¡seres diminutos habitando en una gota de agua de un lago! Estas minuciosas y complejas observaciones abrieron nuevos horizontes para la biología, la medicina y la filosofía. Se tenía acceso a un mundo hasta entonces invisible, un mundo que parecía divisible hasta el infinito. Los mecanismos de la vida comenzaban a ser desvelados y las teorías sobre la reproducción y propagación de los seres vivos debían ser revisadas. La realidad era mucho más compleja de lo que parecía. Y había que confiar en los instrumentos para conocerla.

sábado, 2 de diciembre de 2017

viernes, 17 de noviembre de 2017

Kaleidos

“El artista es un ludópata: juega con las infinitas posibilidades del mundo para crear belleza. Y apuesta su vida en ello”. Max Zoster escribió este pensamiento en una fecha crucial de su vida intelectual. Eran los años sesenta: los artistas ya no sabían si eran modernos o posmodernos. Zoster, crítico de arte y filósofo, tiene un gran dilema. No sabe si continuar con su vieja pasión por la belleza o lanzarse de cabeza a los infinitos mundos del arte conceptual. Su desazón estética le conduce a una lectura inesperada: “A treatise on the kaleidoscope”, de David Brewster, un estudio de 1819. Aunque Zoster se perdió entre espejos, lentes, reflexiones y refracciones, no tardó en percatarse de que no hay concepto sin belleza. Porque no hay mayor riesgo que construir formas bellas y elegantes… “Los colores sin conceptos son aburridos. Los conceptos sin colores son mucho más aburridos…” Y pensó Max Zoster que la clave se hallaba en el viejo tubo mágico, por eso lo investigó. Pero el caleidoscopio, ajeno a sus inquietudes, sólo le ofreció una difusa metáfora…
Tarde o temprano los artistas y los filósofos recuerdan que toda creación artística o intelectual gira alrededor de la verdad, el bien y la belleza. Por eso la conversación entre ellos suele ser un noble juego del que brotan inquietantes mundos.

Miguel Parra Boyero es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla. Desde 1985 viene participando en numerosas exposiciones tanto individuales como colectivas. Colaborador de La Voz del Sur en la sección Negro sobre negro, sus trabajos han aparecido en la revista Cambio 16, Diario de Jerez, National Geographic y la revista digital de humor “La kodorniz”. Ha dado charlas como ilustrador para el Centro Andaluz de las Letras y para la asociación “La casa de las palabras” de Jerez. También ha ilustrado libros para los escritores Juan Manuel López, Manuel Bernal, Eliacer Cansino, Silvia Álvarez, Carmen Gil y José Antonio Antón entre otros.

martes, 14 de noviembre de 2017

EL JUEGO

      De pequeños, cuando estábamos jugando, de vez en cuando llegaba alguno que interrumpía, decía que quería jugar pero no cumplía las reglas, hasta que nos enfadaba y le decíamos “no sabes jugar”. Que te digan “no sabes jugar”, en ese sentido, no resulta nada agradable, porque sabes que no se refieren al conocimiento de las reglas, sino a algo más importante, al pacto implícito que supone aceptarlas. Cuando llega el que no sabe jugar, todo se desbarata y la actividad lúdica se disuelve. Ese pacto implícito que fundamenta cualquier juego puede ser trasladado a gran parte de las dimensiones humanas. Hay quien sabe entrar en el juego fácilmente y hay quien no termina de comprender a qué se juega.
   Existen tantos tipos de juegos que es muy arriesgado ofrecer una definición que abarque todos. Quizás en todos ellos haya al menos un participante y al menos una regla. El objetivo de los juegos es simplemente seguir sus reglas, sin buscar nada más. No seguirlas o tomar el juego como un medio para otros fines externos implica abandonar el juego. Es una actividad autosuficiente en la que mostramos inteligencia y sociabilidad. Jugar uno solo también es una actividad social: además de arrastrar las competencias lingüísticas y sociales adquiridas en comunidad, el que juega en soledad se desdobla, se autoimpone normas y, si no hay nadie delante, hasta se hace trampas…
        
Miguel Parra
La racionalidad humana ha sido identificada con el juego, tanto la racionalidad teórica como práctica. En los inicios de la investigación sobre Inteligencia Artificial se intentó crear programas que jugasen al ajedrez. El juego quedaba reducido a un programa, un algoritmo que fuese capaz de manejar reglas y valorar jugadas. Razonar era un juego lógico, un juego formal. Desde el punto de vista de la psicología evolutiva, el juego pasó a ser sinónimo de inteligencia moral y social. El niño toma conciencia de las normas a través del juego. Saber jugar es saber pactar con otros lo que vale o no vale. El juego es, por lo tanto, una actividad necesaria para el desarrollo del sujeto y su socialización. Hoy, el comportamiento social es analizado por la teoría de juegos. Las decisiones racionales son el fruto de un cálculo, de una estrategia de varios jugadores que interaccionan entre sí. Todo formalizado y matematizado. Recordemos, por último, la reflexión de Wittgenstein sobre los juegos del lenguaje…
         El concepto de juego es muy útil para comprender a los seres humanos. Nos proporciona metáforas muy fructíferas para desentrañar nuestra naturaleza. Comprender significa llevar a cabo isomorfismos y traslaciones. En las estructuras de los juegos hallamos reglas, límites, jugadores, jueces, premios, castigos, riesgo, diversión, competición, tiempos, espacios, clasificaciones… Nos viene muy bien, por ejemplo, para analizar el terreno de la política y el ámbito del arte.
         Las constituciones establecen las reglas de juego de la vida social y política de un país. Los ciudadanos y las instituciones somos los jugadores. Hay infinitas jugadas válidas dentro de ese marco. Una vez aprobada, resulta incoherente intentar quebrantarla. La evolución del juego puede exigir alguna modificación de esas normas, pero deben estar de acuerdo todos los participantes. Como ocurre en los deportes, esas modificaciones sólo se realizarán en caso necesario y evitando aniquilar la esencia del juego. La metáfora puede extenderse y hablar de equipos, competiciones, clasificaciones, sobre todo si pensamos en los procesos electorales.
         Las obras de arte también son algo parecido a un juego, en este caso planteado por el artista. Contemplar un cuadro, sea del estilo que sea, supone aceptar un conjunto de reglas autónomo, diseñado por el pintor. En un cuadro realista aceptamos el juego de la perspectiva, la profundidad, el color, las proporciones… Ahí parece fácil porque es similar a las reglas de la percepción que manejamos diariamente. Sin embargo, con los estilos no figurativos entrar en el juego puede resultar más difícil, ya que el pintor te pide que asumas un conjunto de reglas totalmente nuevo, ajeno a la percepción diaria. Y en el arte conceptual, en una instalación, el creador pretende que entres en el juego de cuestionar las reglas del arte, de la sociedad o de la obra que te está ofreciendo. ¿Se imaginan a un espectador que va a ver un partido de baloncesto pensando que todos los deportes se rigen por las reglas del fútbol? Pues eso le ocurre al que observa arte abstracto y busca figuras con significado, o al que visita una instalación y no encuentra belleza formal.  

domingo, 12 de noviembre de 2017

BURBUJAS

   
Khaled Youssef 
       Escribe Wilhelm Waiblinger que Hölderlin “vive décadas enteras lejos de cualquier contacto con el mundo y no cuenta para pasar el tiempo con nada más que el ruinoso mecanismo de su facultad de pensar”. Este ruinoso mecanismo de pensar, el mío, sólo ve pompas de jabón, burbujas, inmobiliarias o no, financieras o no… Pienso en burbujas formadas por símbolos, por significantes y significados, donde unos se refieren a otros en un bucle infinito de perseverante entrelazamiento. Las burbujas simbólicas son múltiples, son autosuficientes: escritores que se elogian mutuamente; nacionalistas que se justifican con un relato redondo o con un trapo de colores; creyentes que confunden desear otra vida con conocerla; revolucionarios que se olvidan de la realidad y anhelan el verdadero momento histórico; filósofos que siempre tienen la razón y se nutren de demostraciones circulares; artistas que se sienten ignorados en un mundo en el que nadie valora el verdadero arte; periodistas que maquetan el infinito mosaico al que llaman actualidad; profesores incomprendidos por una sociedad cruel e ignorante... Las burbujas son efímeras, pero bellas, nadie lo puede negar… Desde fuera vemos cómo las pompas de jabón reflejan todos los colores del arcoíris. Los que están dentro sólo contemplan su interior, porque para ellos no existe otro mundo. Mientras están suspendidas en el aire o en el agua, son sublimes artefactos. Y todos nos quedamos boquiabiertos porque sabemos que ese equilibrio de fuerzas durará poco: la tensión de la superficie se romperá y el entramado de símbolos y justificaciones, con su enjambre de fantasmas, se disolverá… Mónadas de Leibniz o esferas de Sloterdijk, las burbujas son metáforas espaciales para describir la pluralidad de mundos. El fotógrafo y poeta de origen sirio Khaled Youssef mira Europa a través de las burbujas y sus reflejos… Mas sabe el filósofo que nadie ha visto desde fuera la gran burbuja del capitalismo global, y que quizás sea una terrible quimera, una ilusión. Nadie conoce la pompa siniestra que se alimenta de todas las demás…
https://laandalucia.org/burbujas/

martes, 10 de octubre de 2017

EL ASOMBRO

    Señalas con el índice y dices que ahí existe un abismo, algo sublime, una complejidad inquietante… Señalas un bolígrafo rojo y preguntas dónde está el color rojo… Señalas tu propia mano y preguntas por qué es sólida si en su interior todo es actividad… ¿Y cómo es posible que el cerebro, compuesto de átomos, sea consciente de lo que le rodea y maneje ideas…? Donde tú muestras asombro los otros sólo te devuelven indiferencia. Como dice el artista Manuel del Valle, donde debería haber asombro sólo vemos la cara imperturbable de Buster Keaton.
Miguel Parra
     Una de las tareas ineludibles de los maestros sigue siendo propiciar la capacidad de asombro. Y utilizo el verbo propiciar porque los otros que se me ocurren quizás sean excesivos. No sé si es posible enseñar a asombrase, comunicar el propio asombro o simplemente contagiarlo, como si de un virus o una emoción se tratase. Propiciar es más modesto, y sólo implica crear las condiciones necesarias para que fermente ese espasmo intelectual que denominamos admiración.
     La filosofía, las ciencias y las artes parten del asombro intelectual ante lo que nos rodea. Si somos incapaces de propiciarlo, la creatividad, la innovación, el razonamiento y todas las capacidades cognoscitivas no arrancan. Nos llama la atención cómo los grandes pensadores detienen el tiempo para contemplar un detalle del mundo que para nosotros ha pasado totalmente desapercibido. Esa actitud del sabio no es algo anecdótico, una peculiaridad del carácter, sino uno de los pasos imprescindibles del método científico y artístico. Por lo tanto, en los sistemas educativos habría que pensar actividades que la propicien.
      Aristóteles decía que la filosofía y las ciencias surgen de la admiración que sentimos ante la naturaleza. Cualquier hecho rebosa de complejidad, tanto si miramos las estrellas, un campo de algodón o un insecto. La organización de la materia, en lo micro y en lo macro, nos emociona. La inmensidad nos invade y emerge lo sublime, esa sensación de infinitud que contrasta con el reconocimiento de nuestra pequeñez. Pero también los asuntos éticos provocan asombro. Cuando nos indignamos ante una injustica o alabamos una conducta honrada,  decimos: ¿cómo es posible? El cielo estrellado sobre nosotros y la ley moral dentro de nosotros, como señalaba Kant.
         Hoy poseemos tanta información y fluye de forma tan rápida que nada nos sorprende, nada nos atrapa el tiempo suficiente como para que brote la pasión por saber, por conocer algo a fondo. Cuando sentimos asombro, reconocemos nuestra ignorancia, decía Aristóteles. Sin embargo, en la sociedad de la información nadie se siente ignorante. Los infinitos flujos de información aniquilan cualquier posibilidad de pararnos a reconocerla. Todos tenemos muchos datos a nuestra disposición, información potencial. Creemos saber mucho porque podríamos saber mucho. En un mundo acelerado, abarrotado de pantallas cambiantes, nadie experimenta el vértigo ante lo que desconocemos. Los flujos de información son más rápidos que los flujos de nuestra conciencia reflexiva. La efímera curiosidad y la volátil sorpresa han sustituido al verdadero asombro ante la realidad.
     No dejamos tiempo al mundo para que nos intimide. Así tampoco es posible la verdadera literatura. El poeta José Mateos suele decir que la poesía nace del asombro ante las cosas más sencillas. Y nos remite a los primeros filósofos, los presocráticos. Si no somos capaces de aturdirnos ante lo milagroso de la existencia de cualquier ser, por insignificante que nos parezca, la poesía y la ciencia no tienen sentido.
      Que las cosas no nos afecten y pongamos cara de Buster Keaton tiene terribles consecuencias. Todos los poetas afirman que la poesía desarrolla nuestra sensibilidad. Nos vuelve mejores observadores del mundo, condición necesaria para la creatividad artística y científica. Y esa sensibilidad, como dice Pedro Sevilla, es la que también utilizamos para detectar las injusticias y el sufrimiento de los demás.

http://www.diariodejerez.es/jerez/asombro_0_1180382249.html

viernes, 6 de octubre de 2017

ÉTICA DE ROEDORES: TRAPOS

 
 Chiharu Shiota
 Confusos, los roedores corren de un lado para otro, como si el mundo se fuese a acabar. Corren, cómo  no, los malditos roedores. Tienen derecho a correr, pero ¿hacia dónde? Aturdidos, los roedores  corren entre las hojas, entre las raíces, pero nadie sabe hacia dónde... Y el gran dinosaurio observa desde su atalaya cómo la memoria de los roedores se evapora, incluso su racionalidad... Jamás contempló escena tan divertida: roedores lanzándose trapos para convencerse de sus miserias... El terrible dinosaurio reza para que los roedores no se den cuenta de que el bosque es infinito y que todo es posible... Porque el dinosaurio se alimenta de la ignorancia y el odio. Esa es su dieta. Mas sabe el filósofo que hay infinitos mundos, todos ellos en nuestra mente. Y que el gran dinosaurio será derribado cuando hablemos de los sueños de cada roedor, de cada una de las patas de cada roedor, de las sombras del roedor, de la miseria de cada roedor.. Los trapos, trapos son. Es cierto que hay muchas zonas del bosque y que hay muchos recovecos. Pero si olvidamos que son zonas del bosque, recovecos del bosque, jamás podremos hacer frente a la gran pisada, a la terrible pisada del insufrible dinosaurio. Si nos obsesionamos con las raíces, necesarias, seremos incapaces de ver la sombra del gran bicho entre los árboles y sus contraluces. Y sabe el filósofo que el equilibrio entre lo vertical y lo horizontal nos proporcionará la sabiduría necesaria para seguir pensando... 

jueves, 5 de octubre de 2017

DISCURRIR

 La nostalgia es peligrosa porque puede ser revolucionaria: nos negamos a abandonar aquellos momentos felices... Bueno, quiero decir que nos negamos a abandonar el recuerdo de aquellos tiempos felices... Y esos espacios no los controla nadie. Ni el mayor poder absoluto es capaz de aniquilar nuestras singulares experiencias. ¡Tendréis que discurrir mucho para acabar con ese rincón de libertad!

miércoles, 27 de septiembre de 2017

LA LEY

La conciencia de la ley entre los ciudadanos es muy extraña. No me imagino a la gente animando con aplausos a nuestros agentes para que realicen un control de velocidad o un registro en un despacho.

domingo, 10 de septiembre de 2017

VÍSCERAS


Francis Bacon
 Recuerda que todas las arterias conducen a Roma, recuerda. Jamás menosprecies una víscera. Hasta una calle muerta, como la calle Francos, tiene las suyas, formas orgánicas fuera de lo común, mentes creativas que cultivan el caos. Recuerda que las venas transportan el humus secreto del universo, recuerda. Y que las máscaras nos miran y derraman desidia. Las máscaras, recuerda. En el Damajuana tramamos el orden del mundo, la disposición de los seres, la bifurcación de los canales. Porque habrá un orden irreconocible para las mentes cansadas y cobardes, un orden travieso que se escurre entre los dedos. Recuerda que las vísceras arrojan ideas sobre un viejo balde de zinc, para que los cerebros sientan envidia de los riñones. No estamos acostumbrados a la poesía de los mataderos, claro que no. Nadie puede vivir con semejante culpa. Aunque no es desazón suficiente como para crear otro mundo. En la calle Francos, la muerta, las vísceras se revuelven, se agitan, impacientes, y añoran tiempos mejores, pero no tan creativos. Recuerda que todas las entrañas poseen memoria del futuro, tanta como para vivir sin el azogue de los malditos espejos. Manuel del Valle enseña gramática al tiempo.

martes, 5 de septiembre de 2017

¿QUÉ HACER CON EL NACIONALISMO?

   
Zimoun

      Ni la izquierda ni la derecha saben qué hacer con él. La clase trabajadora no entiende de patrias ni de fronteras, dirán unos. La nación es una, indivisible, dirán otros. La nación, dirán unos, está formada por la clase trabajadora, no por los parásitos burgueses. La nación, dirán otros, ha sido construida por los empresarios, emprendedores, gente que, además de arriesgar su capital, protege en su castillo las esencias de la tradición. Y los demócratas a secas, los que afirman que todo lo decide el pueblo, no lo tienen menos difícil, porque nada puede ir en contra de la Constitución, elegida por el pueblo. Aunque nada hay más democrático que votar para cambiar esa Constitución o para diseñar un nuevo Estado.


miércoles, 23 de agosto de 2017

ÉTICA DE ROEDORES: LA PANZA Y EL LOMO

Conjunto de Mandelbrot
  Los malditos roedores comenzaron a sospechar que vivían en el lomo, quizás la panza, de un terrible dinosaurio. A lo mejor, dijo el roedor de la cueva, todo el bosque, incluso todo el universo, tiene la forma de un horroroso dinosaurio. Lo que es cierto, sentenció el de ojos grandes, es que parece inabarcable, ya estemos sobre la panza o el lomo. Veo que de las vísceras no habláis, advirtió el de dientes gastados, y toda esta podredumbre no son sino sus entrañas. No es cuestión de biología, ni de anatomía, gritó el de voz de mosquito. Todo se explica con la geometría, continuó. Jamás acabaréis con la terrible bestia porque es un hijo de Mandelbrot. La geometría del terror repite siempre la misma estructura. Si nos alejamos, aparece el gran bicho. Si nos acercamos, cada una de las partes es esa misma forma, hasta el infinito. He aquí el mundo que habitáis, señaló con las manos extendidas, un mundo sin centro, dominado por fuerzas que se regeneran sin piedad, un mundo creado por vosotros, que modeláis el panal del dolor con cada una de vuestras miserias. Sólo cuando alzáis la vista y contempláis las estructuras lejanas, o cuando sufrís la gran pisada, sólo entonces os quejáis. Porque todo es lo mismo y todo se repite. Y sabe el filósofo que ser consciente de esta geometría no es poco.

jueves, 3 de agosto de 2017

EL SELLO

   Me gustaría saber escribir en espiral. Y no me refiero a los caligramas, claro. Hablo de esa escritura que es capaz de describir el viaje de un fotón desde una estrella, un viaje de ocho minutos y pico. Esa escritura acompañaría al fotón desde el Sol hasta una espiral de piedra, quizás el sello de nuestra galaxia. Y las palabras intentarían captar el momento en el que esa partícula rebotara en la enrevesada piedra y alcanzara el ojo y el cerebro de Ana. Me gustaría saber escribir en espiral para felicitar a esa extraña forma, sello galáctico, que ha estado esperando tantos millones de años este momento. Y pensar en espiral, cómo no, y recorrer la escalera de caracol que comunica las regiones más espesas de mi cerebro con las formas generadas por la naturaleza. Escribir en espiral me permitiría atrapar el movimiento infinito de mis ideas en una piedra eterna que, con el tiempo, fuese el combustible del que se alimentase una nueva estrella. Y de ella saldría un fotón que, seguramente, no iba a tener tanta suerte.